Cada explotación hortícola llega con un historial distinto de enmiendas, fertirriego y laboreo. Por eso no vendemos un producto cerrado: definimos un paquete de trabajo según el cultivo, el tipo de suelo y el nivel de actividad microbiana que hayamos medido en la parcela. Estos son los formatos que usamos con tomate, pimiento y hoja bajo invernadero o aire libre.
Diagnóstico de rizosfera
Muestreo en tres puntos por sector, análisis de pH local, materia orgánica oxidable y recuento orientativo de bacterias solubilizadoras de fósforo. Entregamos un informe con lecturas comparadas frente a la campaña anterior y una recomendación de manejo para el siguiente ciclo de fertirriego.
Diseño de plan de inoculación
Elegimos cepa, dosis y calendario según el estado fenológico del cultivo y la compatibilidad con los fertilizantes que ya se aplican. Revisamos orden de mezcla en cabezal, tiempos de permanencia en depósito y precauciones con la cloración del agua de riego.
Seguimiento de campaña
Visitas periódicas con registro de indicadores sencillos: vigor radicular, color de hoja, evolución de la materia orgánica y respuesta al aporte de bioinsumos. Ajustamos dosis cuando aparecen señales de pérdida de viabilidad o de bloqueo nutricional en el suelo.
Formación para el equipo de campo
Sesiones cortas con los técnicos y operarios de riego sobre manejo de microorganismos, conservación del producto y errores habituales en la preparación de caldos. Incluye material de consulta para el día a día en la explotación.
Ensayos comparativos en parcela
Diseñamos un bloque testigo y un bloque tratado con el mismo manejo agronómico, para observar diferencias atribuibles al bioinsumo. Los resultados se documentan con fechas, condiciones y limitaciones del ensayo, sin prometer cifras que no se puedan sostener.